De un tiempo a estos días y desde variadas posturas y tendencias espirituales y/u otras relacionadas con el desarrollo humano y el despertar de la conciencia, es que escuchamos y comentamos respecto de la nueva era para la tierra, un tiempo sin parangón en la historia de la humanidad, se dice. Por mi parte, desde el mismo momento que descendí del avión que me trajo de vuelta a México desde Chile, es que comencé a sentir “cosas extrañas”, las mismas las atribuí a mi vuelta al mundo en 36 días, que el norte y el sur son lo mismo pero no, la hora cambia, la temperatura y los aromas también, la comida, el jugo, los colores, todo. Apenas llevaba veinte y cuatro horas en mi casa mexicana cuando la alarma sísmica nos señalaba que venía un remezón, le hicimos caso con mi familia y bajamos del cuarto piso a la calle donde tuve la sensación de estar en un gran barco en una noche de tormenta en alta mar.

En el país vecino, Irma era la temida visita de La Florida, así como un tsunami acechaba las costas de Veracruz y en California el fuego causaba estragos; los cuatro elementos manifestándose en todo su potencial. Hace un par de décadas que entendí que todo lo que pasa son señales, símbolos, signos y que debemos aprender a codificarlos, esto mismo no quiere decir que yo lo haga siempre, aunque honestamente sí que lo intento. Tantos y tan grandes cambios, pensaba, mientras sentada en el parque con los chicos y rodeada de aquellos majestuosos árboles, sentía que era un momento sagrado, porque estaba con ellos y porque nada nos había pasado, porque apenas se nos derramó la taza de té con la que bajamos. Escuché la tierra, sentí su latir al unísono con el de mi corazón, por un momento me emocioné a la vez que me reía de nervios y de asombro y con los divertidos comentarios de las personas más importantes en mi vida. Me sentía poderosa aún ante esa nerviosa vulnerabilidad que nos identifica a todos y que nos hace confluir en momentos limites.

Vuelvo a pensar en que nuestra Pacha Mama nos llama la atención por no respetar los preceptos básicos de la coherencia (Sentimiento, Pensamiento, Palabra y Acción), reflexiono sobre el hecho respecto si yo lo hago, me he vuelto observadora de lo observado y en este último estado me encuentro yo misma y a la vez me pregunto si eso constituirá un acto evolucionado o pura comodidad… es cierto que cuido lo que siento y que cuando lo logro soy capaz de domar a la “loca de la casa” mi mente tan vaga y rebelde, porfiada y neurótica. Mi instancia favorita es la palabra y en esa esfera verbal es que vibro y crezco, cuando sumo estos tres vórtices me voy a la acción y lloro de gratitud porque siento que a veces logro el orden que requiere mi alma y mi espíritu se enaltece. Enormes cambios están ocurriendo a nuestro alrededor y cada uno somos espejos de los mismos.

Fue por el año 1989 más o menos que escuchaba a lo lejos que todo lo que pasara desde ese momento en adelante estaba relacionado con la caída de un sistema que ya no era tolerable, que se disolverían las formas establecidas porque ya estaban viejas, caducas y que nuevas formas las reemplazarían, formas más refrescantes, amorosas, amables y simples. Cada año que pasaba, esta concepción volvía a cobrar bríos. ante un planeta que se convulsionaba frente al caos mental de sus habitantes (me incluyo), así fui creciendo y procurando entender el mundo en que vivía, sin saber que el primer mundo en descubrir debía ser el mío… y majestuosamente apareció la pata que le faltaba a mi mesa: la Psicología. En la cátedra de Psicología social, que más bien debería haberse llamado Psicología de la Complejidad, comprendí que el universo es un ser vivo, consciente y que hace lo que puede por ayudarse.

El tiempo que vivimos pareciera ser muy oscuro, sin embargo siento que se cumple otra de las profecías enunciadas por nuestros ancestros y que señala que durante esta etapa de la vida planetaria aparece la esperanza en medio de la desesperanza, una salida donde pareciera que no hay posibilidad, luz para atravesar la oscuridad. Los Mayas cuando alguna vez hablaron de este tiempo, decían “el fin del tiempo” y tenían razón porque es el fin de un ciclo muy largo y ellos lo marcaron en el año 2012, sin embargo también remarcaron que era el comienzo de un tiempo nuevo, donde emergería una forma de ser completamente nueva también. Podríamos decir ahora que estamos cerca de lo que ellos mismos y otras culturas antiguas denominaban como “el fin de la polaridad”, donde el miedo desaparece, así como las ideas del bien y el mal. Nuestra conciencia está cambiando, aparece otra manera de percibir, y cuando la percepción cambia, entonces lo cambia todo.

Nuestra sensación de carencia, necesidad o imposibilidad o las cosas que tenemos que sanar, todo desaparece, simplemente se están terminando. Todo lo que está pasando en nuestra aldea global se relaciona con que Gaia nos remece para que nos demos cuenta de que el universo entero es un ser viviente y que sólo existe un gran espíritu moviéndose a través de cada acontecimiento y una sola conciencia. Estamos experimentando una nueva forma de percibir la vida, el ver con otros ojos lo que ocurre dentro y fuera de nosotros. Es transformación, pura vibración, es algo que comenzó hace tiempo, no es nada nuevo, pero ese “bebé”, cuyo nacimiento pronosticaron los mayas y otras culturas ancestrales y sabias, hoy es ya un adolescente que no se conforma con cánones establecidos, es rebelde y revolucionario porque así es la adolescencia, protesta porque de no hacerlo se puede enfermar, pide justicia e identificarse con “algo” y nos lo hace saber a través de “acontecimientos naturales”, tengámosle paciencia, tratémoslo con amor e intentemos ponernos en su lugar, comprendamos lo que nos quiere decir. ¡Es Urgente!